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Vive el COVID19 con serenidad: Parte 2- La crisis sanitaria que se convirtió en una crisis mediática


«La perspectiva permite el juicio, la comparación, la reflexión»

Jean Pol Sartre. La Nausea

Contextualizando la situación actual

En el anterior artículo aprendimos los conceptos básicos de la epidemiología, lo hicimos para poder entender a las fuentes de información que nutren a los medios (los informes epidemiológicos y los estudios científicos) y así poner en contexto los datos catastrofistas con los que los mass media nos bombardean a diario desde el principio de la epidemia.

Y ahora que los conocemos, ya estamos en condiciones de entender adecuadamente los datos sobre el COVID19.

Bueno, en realidad, nos hace falta un último requisito: Debemos entender cuales son los criterios que se están empleando para evaluar la gravedad de la epidemia.

Es necesario que seamos conscientes de que en el contexto del COVID19 se están utilizado unos criterios diferentes a los que se han empleado tradicionalmente para evaluar la gravedad de las epidemias infecciosas.

Y es que a día de hoy, para reducir la transmisión del virus, el gobierno está siguiendo una estrategia de detección precoz.

El objetivo es la identificación precoz de los casos activos con capacidad de transmisión para controlar y aislar a los positivos y evitar que estos propaguen el material infeccioso.

El 97,6% de los diagnósticos de COVID19 en España se han realizado a través de técnicas de PCR por lo que este sistema de detección precoz se basa en la realización masiva de esta prueba de diagnostico.(informe)

Ni los famosos se libran, la Rosalía sometiendose a una PCR un tanto extraña.

Este protocolo de prevención basado en la detección precoz ha trastocado el criterio convencional a través del cuál se mide la gravedad de una enfermedad infecciosa como el COVID19.

Tradicionalmente la gravedad de una epidemia infecciosa se ha medido a través de tres factores fundamentales (informe):

Su transmisibilidad

 La gravedad de los síntomas que produce

  Su impacto en la población (en el sistema sanitario y en la mortalidad).

Sin embargo, actualmente la evaluación de la gravedad de la epidemia de COVID19 solo se está realizando a través de su nivel de transmisibilidad y este se está midiendo principalmente a utilizando un único indicador, el número de personas que dan positivo en la PCR.

¿Por qué es importante esto?

Porque ambos criterios nos conducen a una visión completamente diferente de la gravedad actual de la epidemia.

Si evaluamos la enfermedad desde los nuevos criterios y nos centramos únicamente en el aumento de la incidencia nos encontramos plenamente inmersos en una crisis sanitaria, porque los números de positivos en PCR están aumentando dramáticamente día tras día desde julio.

¿Pero qué pasa si la evaluamos desde los criterios epidemiológicos tradicionales?

La auténtica crisis sanitaria ha acabado

Los datos, analizados desde los criterios tradicionales de la epidemiologia, nos muestran una visión muy diferente a la que promueven los medios, nos indican que la auténtica crisis sanitaria ha acabado.

Para entender porque no nos encontramos ante una crisis epidémica en el sentido clásico tenemos que analizar la famosa curva de incidencia.

Cómo ves, en el gráfico de la curva epidémica se muestran dos tendencias alcistas con dos picos de máxima incidencia.

En ambos picos de incidencia, tanto en el de mediados de marzo como en el de mediados de agosto se registraron entorno a los 10000 casos diarios.

El problema es que los medios los abordan como si fueran completamente iguales, pero no es así. En marzo, en el primer pico de incidencia, nos encontrábamos inmersos en una auténtica crisis sanitaria, en el segundo, el que se está produciendo entre finales de agosto y principios de septiembre a causa de los rebrotes, no.

Para mantenerte sereno tienes que comprender que, en contra de lo que promueven los medios de comunicación, el hecho de que esté habiendo un aumento de rebrotes y de nuevos casos no significa que la situación sea igual a la que vivimos entre marzo y abril.

¿Por qué? 

Por tres motivos principales:

1- La incidencia está aumentando mucho pero los ingresos no

En marzo de este año se produjo un desbordamiento real de los centros de salud en España. 

La mayoría de los nuevos casos registrados eran casos que presentaban síntomas de la enfermedad y los pacientes con COVID19 desbordaban las camas de los centros de salud.

En la segunda oleada de casos esto no está pasando. Pese a que, desde julio, la incidencia de nuevos casos está aumentando abruptamente, un poco más de la mitad de los casos son asintomáticos (informe). y el numero de hospitalizados no está aumentando de una forma proporcional a la incidencia como ocurrió en marzo.

Aunque los casos registrados (en azul oscuro) están aumentando notablemente en el periodo de julio a agosto, los hospitalizados (en amarillo) están aumentando muy poco. La incidencia y el numero de hospitalizaciones no crecen de una forma proporcional como ocurría en marzo. 

Cada día se reporta un mayor numero de casos diarios pero no hay colapso de los centros sanitarios como se ha informado desde varios medios.

La realidad es que a día de hoy, ninguna de las comunidades autónomas presenta una saturación de los centros sanitarios, la mayoría tienen un porcentaje de camas ocupadas por COVID19 inferior al 10% de su capacidad y solo una (Madrid) supera el 15% de camas ocupadas por pacientes con COVID19 (informe).

Actualmente no existe un desbordamiento de los centros médicos del país a causa del virus, el porcentaje de camas ocupadas por pacientes con COVID19 de los centros que han ofrecido datos al gobierno es del 7,3%.

Por otro lado, aunque los ingresos en hospitales están aumentando desde julio, lo están haciendo a un ritmo mucho más lento. Los datos oficiales nos dicen que en la comunidad autónoma de Madrid la más afectada por el COVID19 los ingresos están aumentando a un ritmo cuatro veces menor que en Marzo. 

Gráfico extraído del independiente, con datos extraídos de los informes del ministerio de sanidad

Vamos, que pese a que la incidencia se ha disparado no se ha traducido en un aumento notable de las personas que necesitan asistencia médica y el impacto en el sistema sanitario ha sido muy pequeño comparado con el que se produjo entre marzo y abril de este año.

Y ¿Qué ocurre con la mortalidad?

2- La incidencia aumenta mucho pero las defunciones no

En la primera oleada el aumento de la incidencia se acompañaba de un enorme aumento en el número de fallecidos, la letalidad del COVID19 hasta mayo era del 7,99%. (informe)

Nos encontrábamos ante una crisis sanitaria con todas las letras.

Sin embargo, en la segunda oleada de incidencia no está ocurriendo así. Pese a que, según algunas fuentes, la incidencia es incluso mayor que la de la primera oleada, solo un 0,4% de los casos registrados con COVID19 entre mayo y septiembre han fallecido. (informe).

Si comparamos la gráfica de la incidencia (casos diarios) y la gráfica de la mortalidad (fallecidos diarios) nos damos cuenta de que la situación que vivimos en marzo es muy diferente a la que estamos viviendo a finales de agosto y principios de septiembre. En marzo, en pleno pico de incidencia, fallecieron entorno a mil personas al día, en el pico de incidencia de septiembre no se alcanzan los 200 fallecidos diarios.

Esto quiere decir que, aunque cada vez se han registrando un mayor numero de nuevos casos diarios y la incidencia es parecida a la que se produjo en el pico de marzo, el número de defunciones por COVID19 es mucho menor que el que se produjo en la primera oleada.

¿A qué se puede deber esto?

Pues esto nos conduce al tercer motivo por el que la situación no tiene la misma gravedad que en el primer semestre de este año.

3- El aumento de la incidencia de estos últimos meses está relacionado con la forma en la que se están realizando ahora las PCR

La pruebas diagnósticas como la PCR están indicadas para personas que muestran una sintomatología manifiesta y se utilizan para conocer o corroborar  la causa de la enfermedad.

A mediados de marzo, en plena crisis sanitaria, la mayoría de las PCR se realizaron a personas ingresadas que presentaban sintomatología relacionada con la del COVID19.

Sin embargo, a día de hoy se están realizando cribados masivos en varios municipios a lo largo del país. Y en ellos se están realizando las pruebas de forma indiscriminada entre personas asintomáticas.

Y esto se está realizando aunque el propio ministerio de sanidad advierte que: “No se recomienda la realización de cribados mediante la realización de PCR o técnicas serológicas, por las dificultades de interpretación de los resultados en personas asintomáticas y de bajo riesgo y las implicaciones en su manejo.”

El hecho es que se están realizando cerca de 50000 PCR diarias, entre el doble y el triple de las que se realizaban en abril (informe) y eso está claramente aumentando los números de incidencia diaria respecto a los de la primera oleada.

El número de PCR por 1000 habitantes que se realiza en agosto es casi seis veces mayor del que se realizaba a finales de abril.

¿Qué hubiera ocurrido si se hubieran realizado tantas PCR en marzo o abril?

Que seguramente la incidencia habría sido mucho mayor y esta oleada de brotes no destacaría tanto.

Tienes que comprender que es completamente normal que la incidencia sea cada vez mayor si cada vez se hacen más PCR.

Pero la gravedad de una epidemia no radica exclusivamente en el número de personas que ofrecen positivo en una prueba, sino que también en el número de personas que presentan síntomas, el nivel de gravedad de dichos síntomas, el número de fallecidos y el impacto que los afectados tienen en el sistema sanitario

En resumen

Si aceptamos el nuevo criterio, que mide la gravedad del COVID19 en función de su incidencia nos hallamos ante una paradoja difícil de aceptar: actualmente nos encontramos ante una epidemia grave que a nivel epidemiológico no produce casi enfermos, no satura hospitales y mata a pocas personas.

Si lo analizamos desde el criterio clásico, llegamos a una conclusión más coherente, nos damos cuenta de que en España la epidemía de COVID19 ha pasado por dos fases:

1- Una primera fase en la que el número de casos totales se correspondía proporcionalmente con el numero de ingresados, de ingresados graves y de fallecidos y en la que se produjo un colapso de los centros de salud.

Es decir, desde los criterios tradicionales nos encontrábamos con una crisis sanitaria con todas sus letras.

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2- Una segunda fase en la que los casos totales, han continuado aumentando -en parte a causa de la realización extensiva de PCR- pero no lo ha hecho de forma proporcional el numero de ingresados leves, ingresados graves y el numero de muertos.

Si además de considerar el número de positivos por PCR, también tenemos en cuenta la gravedad de la sintomatología de los contagiados, su mortalidad y su impacto en el sistema sanitario, los datos nos muestran otra visión más coherente de la epidemia.

Nos muestran que la epidemia por COVID19 ha tenido dos fases diferentes, una auténtica crisis sanitaria que azotó a nuestro país entre marzo y abril, y una falsa crisis sanitaria sustentada en las políticas de amortiguación de la incidencia del gobierno y alimentada por la desproporcionada forma de comunicar la gravedad de la situación por parte de los medios.

Sin embargo, los medios de comunicación siguen comunicado con el mismo tono de alarma y el mismo espiritu catastrofista la actualidad sobre la epidemia.

Y esto es un gran problema.

¿Por qué?

La gravedad inicial de la epidemia fue amplificada por el pánico colectivo promovido por los medios

La realidad es que el COVID19 no es peligroso para toda la población, los grupos de riesgo son las personas mayores y las personas con patologías previas. Los datos oficiales así lo demuestran. Cerca del 90% de los fallecidos en España tenían más de 70 años.

Os dejo aquí dos tablas de los informes oficiales del Instituto Carlos III,  una del informe del 14 de mayo que ofrece los casos registrados entre el comienzo de la epidemia y el 10 de mayo y otra del último informe, el del del 3 de septiembre, que ofrece los datos del 10 de mayo hasta ahora.

Tabla del informe del ISCIII del 14 de mayo
Tabla del informe del ISCIII del 3 de septiembre

En ambas tablas se observa lo mismo, tanto en la primera oleada como en la segunda oleada la mayoría de las defunciones por COVID-19 se dan en personas mayores de 70 años. 

La letalidad del COVID19 en España es muy heterogénea, entre los mayores de 70 años es del 15,57%, entre los menores de esa edad del 0,73%, para los primeros es una amenaza considerable para los segundos no.

A ello se le suma que gran parte de las personas jóvenes que mueren tienen patologías previas, en marzo, en plena crisis sanitaria el 74% de los fallecidos estudiados tenían patologías previas.

Es un hecho a nivel epidemiológico, los casos de jóvenes sin patologías previas que mueren por COVID19 son una minoría prácticamente negligible.

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Sin embargo, los medios transmiten una imagen de la situación que maximiza la gravedad del virus e infunde miedo entre toda la población, incluyendo a los jóvenes sanos.

Y esto aumentó enormemente la letalidad del virus en los primeros meses.

Cerca del 60% de los muertos en la primera oleada eran ancianos internos en residencias que no murieron por la letalidad del virus, sino a causa de que no pudieron ser bien atendidos en los centros médicos 

¿Por qué? Porque personas jóvenes, no vulnerables saturaron los hospitales a causa del pánico desmedido infundido por los medios.

Si observamos las tablas anteriores nos damos cuenta de que en la franja de edad de mayores de 80 años, que es la que más muertos acumula, sólo una minoría son atendidos en la UCI.

Se puede observar también que la proporción de ancianos con COVID-19 que mueren después del 10 de mayo se reduce notablemente, y esto se debe, en gran medida, a que pueden ser mejor atendidos porque las personas jóvenes y sanas ya no saturan los hospitales a causa del pánico. 

Cuando veamos los números tenemos que recordar que gran parte de la letalidad del virus se debe a que el colapso sanitario impidió que las personas vulnerables pudieran ser bien atendidas y por lo tanto que fallecieran muchas más personas de las que habrían muerto si la población hubiera mantenido la calma.

No debemos olvidar que el pánico colectivo ha sido el factor ajeno al virus que más ha agravado la situación, y los medios de comunicación han sido sus principales promotores.

Por eso, la mejor medida de protección y de atenuación del impacto del virus es desarrollar herramientas para que la población pueda interpretar la información de forma crítica y así evitar que caiga en pánico.

Y esto se hace especialmente importante ahora mismo.

¿Por qué?

Winter is coming, el invierno se acerca

Nos acercamos a la temporada de gripes y la evidencia científica apunta a que el COVID19 puede tener un comportamiento estacional como la mayoría de gripes comunes (informe)(estudio). 

Por ello, es muy posible que conforme se acerque el inverno, disminuyan las temperaturas, aumente la humedad y nuestra vida pase a llevarse a cabo en interiores en los que el virus pueda proliferar cómodamente, el aumento de la incidencia se traduzca en un mayor numero de hospitalizaciones, de casos graves y de muertos. 

El invierno se acerca y no nos podemos permitir caer en la trampa del pánico infundado por los medios otra vez, porque eso podría repetir la situación desoladora que vivimos en marzo y privar a los más vulnerables de la atención que probablemente necesiten.

Recuerda que el miedo produjo más muertos que el COVID19 por si mismo, por eso la mejor forma que tienes de ayudar a mejorar la situación es mantenerte sereno y para ello tienes que ser capaz de evaluar de forma crítica y concienzuda los datos catastrofistas que te ofrecen los medios. 

En marzo el pánico colectivo infundado por los medios convirtió al COVID19 en un asesino tan letal como el Rey de la Noche en Juego de Tronos, no dejemos que miedo vuelva a transformarlo en una bestia demoledora.

CONCLUSIÓN

La situación actual no es tan grave como nos hacen creer los medios de comunicación, el aumento desmedido de los nuevos casos de este verano se debe en gran medida a la realización masiva de PCR.

Por otro lado, los ingresos en los hopitales, las defunciones y el impacto en el sistema sanitario no están creciendo de forma proporcional incidencia. No estamos ante una crisis sanitaria en el sentido tradicional de la palabra.

Sin embargo, se acerca el invierno y con él puede producirse un agravamiento de la epidemia Y debemos tener en cuenta que la mejor forma de minimizar su impacto es ser capaces de interpretar de forma crítica los datos descontextualizados que nos ofrecerán los medios de comunicación para no caer en pánico y evitar una saturación de los centros sanitarios que deje a los más vulnerables desprotegidos tal y como ocurrió en marzo.

Recuerda, la mejor medida de seguridad para minimizar el impacto de la epidemia en los próximos meses es evitar a toda costa contagiarnos del catastrofismo que promueven los medios.

¡Aprende a informarte sin contaminarte!

¿CÓMO?

Para saberlo, tendrás que esperar un poco, porque de eso precisamente hablaremos en el próximo artículo del blog.


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